Etapa 17 – Génova

Distancia: 24’6 Km Elevación: 214 metros / 1078 metros acumulados

Dormimos en: Convento di San Barnaba. Piazza di San Barbara, 29

Pueblos que hemos visto:

  • Camogli
  • Recco
  • Sori
  • Bogliasco
  • San Giovanni di Quarto
  • Génova

La etapa no tiene complicación comparado con los días pasados. Salimos de Camogli por la Vía de la Castagna y a mediodía estamos en Génova. La entrada a Génova se nos ha hecho pesada por los kilómetros de callejeo hasta el centro de la ciudad, donde hemos pasado un par de horas haciendo turismo antes de ir al convento.

A mitad etapa, a Ramón se le ha roto un zapato por la punta. En el siguiente pueblo por el que hemos pasado, hemos entrado en una carpintería y nos han regalado un puñado de bridas. Con la navaja ha hecho agujeros para pasar las bridas. ¡Zapato reparado!

Por no extenderme, de Génova solo decir que hay que ir a visitarla, hay mucho que ver.

Hoy no vemos hermanas, pues el convento de San Barnaba es de monjes y, como no, está en las afuera y en lo más alto de Génova. Se llega a través de cuestas con escaleras, ¡Pesadísimo!

El convento cuenta con una gran extensión de huertos y jardines, escalonados por la ladera del monte. La habitación que nos dejan es diáfana y se usa para albergar grupos juveniles. Tiene duchas, cocina con muchos utensilios y decenas de colchones apilados. No hay camas ni literas. Escogemos dos colchones para dormir en el suelo, nos duchamos y salimos de compra para cocinar.

Ramón a cocinado una paella con lo que hemos podido encontrar en la tienda. Le ha salido buenísima y no ha sobrado ni un gramo de arroz.

Después de descansar (y matar mosquitos), hemos salido a ver algo de Génova, pero los escalones de las cuestas son insoportables y la salida es corta.

De regreso al monasterio, uno de los hermanos nos invitó a ir a la iglesia. Pensábamos que nos convocaban a misa, pero en vez de una misa nos dieron una grata sorpresa. En la parte posterior de la iglesia encontramos una especie de estancia circular, como una pequeña plaza de toros. Nos sentamos en unas gradas pegadas a las paredes, nos dieron unos folletos con textos religiosos en italiano y los hermanos comenzaron a recitar por turnos. Nosotros no sabíamos ni que página leer. Después de que los hermanos hubiesen leído las plegarias, se pusieron a cantar una especie de cantos gregorianos, ¡maravilloso!

Esta noche no he pegado ojo pendiente de la fauna local.

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